Un vuelo accidentado y una declaración de amor agónica tras un torneo al otro lado del mundo

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Profesionales
Fecha Lunes, 10 febrero 2020

Otra semana que no hablo de mi golf.

¿Para qué? Mi golf es muy aburrido, drives rectos en calle, tiros a bandera, como dice un amigo siempre a 2 metros por la derecha y luego pues la cosa final dependerá un poco de cómo esté de acertada ese día con el putt. Pero no, no voy a hablar de eso, ya están llenas las crónicas de entrevistas de jugadores contándonos sus jornadas.

Pues bien, llevo unos días reflexionando sobre cual sería la ubicación perfecta para los torneos del European Tour.

Todavía no tengo muy claro si es mejor que jueguen durante nuestro día o durante nuestra noche. La verdad es que parece que no me encaja ninguna. Si juegan de día no puedo concentrarme en hacer nada, pero al menos sí me permite dormir tranquila por las noches. Si juegan de noche, si juegan de noche... Lo de Australia de esta semana ha sido muy divertido. Sebas aterrizó el martes en Melbourne y consiguió llegar al jueves bastante adaptado en cuanto a horario, yo sin embargo había desarrollado un jet lag sin haberme movido de casa, algo bastante curioso. Todavía no entiendo como por cada 2 noches que Sebas dormía yo no había dormido ninguna. Pero bueno esta no es la cuestión. Lo mejor viene ahora.

Tras no superar el segundo corte que tenía el torneo esta semana, el del sábado al domingo, puesto 39 (bastante trabajado), emprende junto a su caddie Javi Herranz la vuelta a casa. Melbourne-Doha, Doha-Madrid. Debían estar muertos puesto que habían madrugado mucho ese mismo día, habían pasado una ronda muy tensa y empezaban viaje de más de 24 horas.

Sebas probablemente cayó desnucado antes de que el avión despegara, como es habitual en él.

Mientras, en Madrid, lo que empezaba siendo un sábado de celebración en familia terminó en un corte de digestión repentino.

Habíamos quedado toda la familia Fernández de Diego para celebrar cumpleaños varios.

No habíamos terminado con el aperitivo cuando de repente recibo un Whatsapp de Sebas, diciendo que su avión que había despegado hacía 4 horas había dado la vuelta y llevaba dos horas y media dando vueltas por Melbourne debido a un problema grave en el tren de aterrizaje.

Silencio sepulcral en la comida.

Yo no puedo evitar llenarme de lágrimas.

Incertidumbre absoluta. Toda la familia nos quedamos mudos.

Mientras mantengo conversación con Sebas me pongo en contacto de inmediato con Juan de Cara, amigo, alumno y piloto para pedirle cualquier información que pudiera obtener, ya que Sebas no nos facilitaba información muy exacta. Javi le acababa de despertar para comunicarle la situación en la que se encontraban y este andaba un poco o más bien muy despistado. Solo podíamos esperar.

Fueron los 30 minutos más largos de mi vida hasta que por fin el avión tomó tierra, sin daños pero con un susto tremendo en el cuerpo de todos

Moraleja: no habléis de nada serio/importante con Sebas cuando esté recién levantado.

Y cuidado con las declaraciones de amor que se hacen in extremis... ya que si luego la situación no resulta ser tan extremis, quedan para toda la vida y lo que es peor, por escrito.

Feliz día!

Ana fernández De Diego