El glorioso y diabólico golf

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Fecha Jueves, 21 octubre 2021

El golf es un deporte de superación, con más días bochornosos que brillantes, con más golpes horribles que sublimes. Es prometedor, fascinante y tentador, pero también es humillante y desmoralizador. 

 

La dualidad glorioso-diabólico es probablemente lo que convierte al golf en uno de los deportes más cautivadores que existen. 

 

Es fácil sucumbir a las primeras de cambio por desdén. Lo más doloroso para el que yerra es saber que podía no fallar el swing y el drama se repite: campos llenos de jugadores serios, abrumados por su incompetencia y tan cerca de la gloria…

 

Puede ser un juego aéreo, ligero, relajado, exuberante, divertido, en soledad o acompañado y siempre, siempre, generoso en emoción. Pero también puede ser un juego ingrato si no le das un mínimo de actitud. El golf castiga y ridiculiza de tal manera que la actitud sufre auténticos descalabros.

 

Desde ventajas perdidas, hasta putts no embocados, en golf no es posible predecir nada en absoluto. Y a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los deportes es muy importante la deportividad en el campo. Es muy fácil hacer trampas en el golf y por eso la honorabilidad del jugador es clave.

 

En ningún otro deporte como en el golf es tan fácil ver escaparse de las manos una victoria casi segura. 

 

Algo que los golfistas tratan de evitar a toda costa es apuntarse bogeys en su tarjeta, esa jugada “maldita” en la que se introduce la bola en el hoyo con un golpe de más sobre el total fijado por el par. Por no hablar del doble bogey; dos golpes de más. Un desastre, un agujero negro en nuestra tarjeta, un día perdido imposible de remontar…

 

El secreto es no desfallecer y seguir, seguir. Un día llegarán los birdies (1 golpe menos del par), los eagles (2 menos), los albatros (3 golpes menos), e incluso los cóndors (4 menos que el par del hoyo).

 

El juego puede ser sencillamente diabólico: lo peor puede ocurrir siempre y la autocomplacencia es severamente castigada…las peores calamidades les ocurren hasta a los mejores jugadores del planeta.

 

El golf es la gran escuela de la humildad. Jugar bien al golf, qué quimera y qué ilusión. De un día bueno, le siguen 30 malos y aceptarlo es ganar.