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Fecha Martes, 19 octubre 2021

Los campos de golf se están convirtiendo en refugio de fauna donde algunas especies han trasladado sus nidos por la tranquilidad y seguridad que les ofrece el campo de golf. Respecto a la cubierta vegetal, ha aumentado y en algunos casos se han plantado miles de ejemplares. Auténticos santuarios de vida.

 

Entre los lagos y ríos, entre la espadaña y las junqueras, es posible encontrar especies como el azulón, la focha, el porrón común, el zampullín y la gallineta, cernícalos y la perdiz roja. Y otros ejemplos como el águila real y la avutarda común, mamíferos, anfibios y reptiles.

 

Ardillas, liebres, conejos, innumerables especies menores de roedores y anfibios forman la cadena biológica que poco a poco se va asentando en el entorno del campo de golf y que ayuda a enriquecer el espacio.

 

 

Respecto a la cubierta vegetal, ha aumentado y en algunos casos se han plantado miles de ejemplares. Es conveniente destacar asimismo el carácter regenerador de algunos campos que han sido construidos sobre vertederos y espacios degradados o baldíos y que con el paso del tiempo se han convertido en espacios verdes que sirven de cobijo a numerosas especies zoológicas. 

 

Los campos de golf proveen condiciones de hábitat para la flora y la fauna. Es un hecho comprobado que la presencia de muchas especies está decayendo en su ubicación natural como consecuencia de la pérdida o degradación de su hábitat natural, la presión que ejerce la caza y los efectos de los pesticidas agrícolas.

 

En este aspecto, los campos de golf pueden servir como importantes santuarios respetando la fauna y flora autóctona conviviendo en perfecta armonía.

 

 

En contra de lo que muchos detractores del golf opinan, los campos situados en las cercanías, e incluso en el interior de áreas protegidas no representan una amenaza para estas o para las especies que las habitan que, en algunos casos, se encuentran incluidas como especies vulnerables en las listas de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza)

 

La convivencia de los campos madrileños con las zonas naturales protegidas es habitual y cotidiana. Parques como el de Cuenca Alta del Manzanares acogen en sus cercanías varios clubes, sin que esto represente para la zona ningún tipo de peligro o problema.

 

Golfistas y ecologistas deben encontrar sus puntos de encuentro y coincidencia de objetivos y dejar de lado posturas y actitudes maniqueas de doble dirección. Ni los golfistas son elitistas por naturaleza, ni los ecologistas intransigentes radicales. Es muy probable que ambos estén remando en la misma dirección mientras se acusan de ir en sentidos opuestos.