Nacho Garrido: el método de los métodos

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Profesionales
Fecha Martes, 19 febrero 2019

Nacho Garrido acaba de regresar de Punta Cana. Campos espectaculares, arena blanca muy fina y buen tiempo. Cualquiera podría pensar que ha sido un viaje de placer, unas bien merecidas vacaciones aprovechando que lleva tiempo alejado de la alta competición porque un buen día su físico le dijo que no podía más. Pero no. Placer sí, porque le encanta lo que hace, pero de ocio nada. Ha sido trabajo. Trabajo duro.

Garrido y su equipo, en el que están Miguel Ángel Duque y Joseba del Carmen entre otros, han estado en el recorrido de Punta Espadas, en República Dominicana, con un grupo de jugadores que han confiado en su método para orientar sus carreras. Allí han estado los profesionales Adri Arnaus, Carlos Pigem, Mario López Guapo y dos amateurs de futuro brillante, Noelia y Federica, la benjamina, jóvenes ejemplares que se toman el golf como si ya estuvieran en el LPGA Tour.

Hoy hablamos con Nacho para conocer mejor esta nueva faceta de su vida a la que está entregado con su inherente pasión. Lleva poco tiempo como entrenador, ‘coach’ o gurú, como cada cual quiera llamarlo, pero su crecimiento ha sido vertiginoso. Son muchos los jugadores que están tocando a su puerta para ponerse en sus manos. ¿Cuál es su secreto? Le preguntamos…

Vaya por delante que no le gusta demasiado hablar de sí mismo y muchísimo menos el autobombo. Nacho es de los que le gusta ir por la vida con gorra y gafas de sol. Prefiere que los resultados hablen por él. “En los restaurantes siempre pido la mesa del rincón, no la del centro, y prefiero las cenas de cuatro personas que las de catorce”, asegura como forma de vida.

Quizá por ello no le gusta hablar de su método, o al menos no le gusta definirlo así. “No es el método de Nacho Garrido, sino el de todos los grandísimos jugadores con los que he tenido la suerte de compartir vueltas de entrenamiento, calles de prácticas y horas y horas de competición al máximo nivel. Siempre he sido muy observador y analítico. Nunca me ha importado preguntar. Me gustaba fijarme en todos los detalles y coger lo que pensaba que podía ayudar. Todos ellos me han enseñado algo y han ido conformando mi manera de entender el golf. Algunas cosas se convirtieron en notas mentales que han viajado conmigo a lo largo de los años y otras muchas las fui apuntando en libretas. El método es un compendio de todas esas cosas que afortunadamente he tenido la oportunidad de vivir. No me las ha contado nadie, las he vivido yo de primera mano. No enseño lo que yo sé, sino lo que saben Seve Ballesteros, José María Olazábal, Gary Player o Jean Van de Velde”, explica.

Garrido ha jugado más de 500 torneos en el European Tour y ha conseguido dos victorias, además de jugar la Ryder Cup de 1997 en Valderrama. De experiencia va sobrado y las anécdotas emergen a borbotones. Durante todos esos años ha aprendido muchas cosas de los mejores. “Recuerdo una vez en una calle de prácticas en Sudáfrica. Estaba pegando bolas y a mi lado había un joven sudafricano. Junto a él estaba Gary Player. Le estaba ayudando, mirándole el swing, dando algunos consejos. Dejé de dar bolas, le pedí permiso a Player y me dediqué a observar lo que le decía. Lo recuerdo perfectamente. Le estaba diciendo una cosa muy simple, que es como enseñan los grandes jugadores. Le repetía constamente: las manos nunca salen hacia afuera, sino la cabeza del palo. Es algo simple, pero se lo escuchas a Player y se te queda.

En otra ocasión, tras una vuelta de competición en Irlanda, me fui al putting green. Había jugado bien, pero el putt no funcionó, así que estuve entrenando unas horas por la tarde. Allí estaba Jean Van de Velde, uno de los mejores pateadores del momento en el European Tour. Me acerqué a él y le pregunté si me podía mirar, que andaba un poco perdido. Prácticamente no le hizo falta ver más. Me dijo que me había estado mirando antes y que recordara una cosa: el ángulo de la mano derecha nunca varía en el putt. Al principio me pareció muy difícil, no lo entendía, pero se puso conmigo, me lo explicó mejor y me sirvió muchísimo”, explica.

Lo cierto es que podría estar horas y horas contando historias, experiencias que son oro puro en una mente que sabía perfectamente que era un privilegiado por lo que estaba viviendo y que todo aquello sumaba. Remata con una charla con Nick Price. “Tenía un swing eléctrico, muy rápido, y era una época en la que sobre todo se enseñaba que el swing debía ser lento, suave, con ritmo. Le pregunté cómo conseguía hacerlo a esa velocidad y me respondió con firmeza: la clave no es subir el palo más lento o más rápido, lo único que importante es que palo suba a la misma velocidad que baja. Esa es la esencia del ritmo”, explica.

La formación de Garrido como golfista y, en definitiva, lo que ahora mismo es como jugador, ha bebido de tres fuentes distintas. “La primera es mi familia, mi padre y mi tío. Me dieron la base. Tuve la suerte de tenerlos cerca y aprender mucho de técnica cada día desde muy pequeño. La segunda fuente de aprendizaje es todo lo que he podido vivir como jugador junto a los mejores del mundo, esa experiencia y conocimientos que después ponía en práctica. Las libretas pueden parecer que están llenas de ideas inconexas, pero está todo ahí. Y la tercera inspiración fundamental ha sido a partir de cumplir 30 años, Txomin Hospital. Con él conseguí darle sentido a todo. Todos son cosas que he visto en grandes jugadores y que he puesto en práctica. No hablo de oídas”, afirma.

El éxito rápido le ha cogido un poco de sorpresa. No esperaba crecer tan rápido ni tener tantos jugadores tan pronto. La idea era otra. “Soy un enamorado del golf y de todas sus facetas, de la parte física, técnica, mental, me encanta el arte de diseñar campos de golf, los escenarios donde se juega. Soy un apasionado. Realmente, la enseñanza no no la busqué. Estaba abierto y me llegó y estoy encantado. Me parece justo poder devolver al golf algo de todo lo que me ha dado. No lo hago por dinero, sino porque me gusta. Lo único que le pido a los jugadores con los que trabajo es compromiso, que no es poca cosa y estoy teniendo la enorme suerte de trabajar con jugadores que son unas personas extraordinarias y, sobre todo, entregados al trabajo, que es exactamente como yo lo entiendo. Siempre tuve claro que no iba a ser jugador de golf toda mi vida y después el físico me impidió continuar. Me habría gustado conseguir más cosas, claro que sí, pero tengo la conciencia muy tranquila porque siempre lo he dado todo. Eso es lo que transmito. Se puede ganar o no, pero lo importante es darlo todo”, recalca.

Garrido combina la preparación de estos jugadores de máximo nivel con los viajes a los torneos (estuvo en Abu Dhabi con Arnaus y tiene previsto ir en dos semanas a Qatar) y la enseñanza en su escuela de Somosaguas, donde tienen un proyecto muy bonito por delante. El club tiene previsto crecer mucho en los próximos años. Mientras tanto, sigue transmitiendo conocimiento y experiencia en cada charla. “Hemos ido a Punta Cana porque por mis años en el Tour tengo claro que estos meses en Europa es difícil entrenar porque el tiempo es inestable y la preparación de los campos no es la mejor. En Punta Espadas nos han puesto todo tipo de facilidades y nos han preparado el campo prácticamente como queríamos. Estas pretemporadas con claves para conseguir un buen rendimiento. Es importante trabajar así, concentrado y, en ocasiones, fuera de casa, para evitar las distracciones. Lo que hemos hecho esta semana nos ayudará mucho en los próximos torneos”, asegura. Es el método Garrido. Un método de métodos. Esencia y experiencia de golf.